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Blog del Padre Mario Ortega

Un embarazo realmente difícil

Un embarazo realmente difícil

Se trataba de un embarazo muy especial, ciertamente. María y José aún no vivían juntos y ella esperaba ya un hijo. La causa de tal situación sólo la sabía ella. José no daba crédito a sus ojos al ver a su prometida embarazada; María era en extremo buena y veraz… pero los hechos eran evidentes y la ley clara: la mujer que durante el tiempo de los desposorios fuera infiel, debía ser repudiada y morir apedreada.

Comienza el calvario para María y José. José, sumido en el más absoluto desconcierto, era bueno y no quería denunciarla.

Haga nuestra imaginación el esfuerzo de trasladar la situación de esta pareja a nuestros días. Podrían oir muchas voces y consejos, aún de los más allegados indicándoles ir al "Belenex Clinical Center", donde por el módico precio de 6000 € les resolverían el problema. La conciencia social, que había avanzado poderosamente, fruto del progreso (del bolsillo de unos cuantos) dictaba sentencia: se trata de un clarísimo caso de peligro de salud física y psíquica de la madre; una madre de quince años cuya vida corría peligro (moriría apedreada) y, además, una insoportable presión psicológica no sólo para ella, sino para el pobre José.

            Todo encajaba - según nuestro avanzadísimo modo de pensar - para acudir sin escrúpulo alguno a esta magnífica solución que ya practicaban todos los países modernos. Ese embarazo causaba infinidad de problemas y sólo una moral retrógrada podría obstaculizar la salida.

            Sin embargo, María, como todas las madres que saben en el fondo que lo que tienen en su seno no es simplemente un granito, amaba ya mucho a su hijo. El instinto maternal, más puro cuanto mayor es el amor (y ella era la llena de gracia) le impulsaba a superar todas las dificultades. Su prima Isabel, una comprometida activista de grupos provida, la animó tremendamente. Sin embargo, José ¡pobre José! qué prueba tan dura de la fe… De pronto, cuando menos se lo espera, se le aclara todo (Dios aprieta pero no ahoga). En sueños se le aparece el ángel (que es otro joven provida) con un mensaje totalmente consolador: no temas en recibir a María como esposa. Es decir, sigue adelante, valientemente en favor de la vida. Dios bendice siempre a quien respeta y protege la vida, que es un milagro del cielo…

            Y Jesús, finalmente nació. La cultura de la vida venció a la cultura de la muerte, aparentemente más poderosa, pero aquí el verdaderamente poderoso es Dios y todos los que están de su parte verán esta victoria final. Al final se entiende todo, y cuando una madre ve el rostro de su bebé y lo abraza con todo su amor, se olvidan los problemas anteriores.

            Sin embargo, hay que estar atentos, porque la cultura de la muerte no descansa. Veremos el próximo día cómo el ministro de sanidad de entonces, llamado Herodes, quiere establecer una ley de plazos por la que todos los menores de dos años serán asesinados cobardemente. Y es que la cultura de la muerte sólo sabe de eso, de muerte. El niño concebido, tenga dos días, dos semanas o dieciseis semanas, es un niño.

            Que la luz del Evangelio, el misterio de la Navidad, que estos días celebramos, nos fortalezca como firmes defensores de la vida humana, don de Dios y alegría para todos. pmariost@gmail.com

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